Hospice San Camilo: ¡Una Obra de la comunidad solidaria para la comunidad que sufre y espera amor, alivio y consuelo!


JUNTOS con FECUPAL Ciudadanos y Empresas para apoyar la Obra “HOSPICE SAN CAMILO” y brindar acogida, alivio, consuelo y paz a Enfermos Terminales


Estimado/a:

Es para mí un motivo de conmoción sincera saber de poder contar con Usted, con su familia o empresa y con el espíritu dinámico y creador que siempre ha caracterizado la población ecuatoriana, en esta nueva aventura humana empezada en la ciudad de Quito para culminar el Proyecto “HOSPICE SAN CAMILO” para acoger a los enfermos en etapa terminal y permitirles vivir en plenitud su última experiencia humana con dignidad sintiéndose amados y acompañados con la misma ternura como Dios nos ama.

Un Hospice o Centro Residencial de Cuidados Paliativos designa un lugar de acogida e internación temporal, es una casa ideal para quien ve disminuir la esperanza de vida, donde el enfermo en fase terminal pueda vivir en paz; su hacer asistencial se da en un clima de respeto, tranquilidad, comunicación y apoyo mutuo.

Se propone la asistencia total, activa y continuada de los pacientes y de sus familias por un equipo multiprofesional cuando la expectativa médica no es la curación. La meta fundamental es dar calidad de ida al paciente y su familia sin intentar acelerar o detener el proceso del morir. Debe cubrir las necesidades físicas, psicológicas, espirituales y sociales del paciente y sus familiares, si es necesario el apoyo debe incluir el proceso del duelo.

Se puede hablar del Hospice como de un abordaje sanitario global u holístico que va más allá del aspecto simplemente médico de las intervenciones para abrirse al cuidado de la persona en su conjunto.

Los cuidados paliativos o cuidados tipo hospice, como se denominaron en algunos países anglosajones, tienen una larga historia. Los primeros precursores bien pudieron ser los hospicios y hospederías medievales del siglo XII en Europa. En el siglo XVI contamos con la paradigmática figura de San Camilo De Lelis, fundador de la Orden de los Religiosos Camilos, que empezó atendiendo a los apestados y a los moribundos en la Italia del 1500. Sus seguidores eran conocidos como “los padres de la buena muerte”.

En el siglo XIX aparecieron algunas figuras carismáticas, entre las que destacamos al pastor Flinder, en la Fundación Kaiserwerth en Prusia, y, sobretodo, a la Madre Mary Aikenhead, fundadora de las Hermanas irlandesas de la Caridad y del Our Lady's Hospital en Dublín. Esta congregación puso en marcha en 1909 el St. Joseph's Hospice en Londres y allí se formó Cicely Saunders, alma del moderno Movimiento Hospice en 1967, también en Londres. Otra figura reseñable de nuestra época es el canadiense Balfour Mount, quien en 1976 lideró la primera unidad de CP dentro de los hospitales para enfermos agudos. A Canadá se le debe el término “cuidados paliativos”.

La denominación “hospice” se mantiene al señalar un lugar intermedio entre el hospital y el hogar, ya que reflejaba bien la idea de lo que se pretendía conseguir: un lugar para los enfermos y sus familias que contara con la capacidad científica de un hospital y el ambiente cálido y la hospitalidad de un hogar.

Los hospices no se han convertido en lugares para morir, sino en lugares para cuidar. Los datos revelan que más del 45% de los enfermos que ingresan a estos centros son dados de alta para ser atendidos en sus domicilios.

En muchos lugares se promueve la posibilidad de morir en casa, con un buen apoyo profesional. Es un planteamiento tan interesante como complementario. Sin embargo, no puede haber moneda única para todos. Hay ocasiones en las que es muy difícil, por no decir casi imposible,, mantener al paciente en su entorno, bien sea por control de los síntomas, bien por claudicación familiar, que suelen ser los dos criterios de ingreso para las unidades de CP. Y, en último término, siempre habrá de tener en cuenta la opinión del paciente, a quien en no pocas ocasiones el ingreso en una institución adecuada le da un marco de seguridad que habrá que respetar. La asistencia propuesta por el Hospice incluye la tutela del paciente, el cuidado continuado, la formación permanente y actualización de todos los agentes de salud y voluntarios en el campo específico, la investigación en el ámbito de abordajes y procedimientos paliativos.

Se trata de una novedad en el contexto latinoamericano. Con vuestra ayuda también Quito podrá contar con su primer Hospice para acoger a los enfermos que ya no son curables.

Las intervenciones paliativas se constituyen con fuerza en un derecho humano fundamental para cada enfermo. El mismo Santo Padre Benedicto XVI llamaba la atención sobre este compromiso: “conviene destacar una vez más la necesidad de aumentar el número de los centros de cuidados paliativos que proporcionen una atención integral, ofreciendo a los enfermos la asistencia humana y el acompañamiento espiritual que necesitan. Se trata de un derecho que pertenece a todo ser humano y que todos debemos comprometernos a defender”.

En el Ecuador son millares los que fallecen por cáncer cada año; los seropositivos y los enfermos de Sida están en crecimiento progresivo y constante, unas 9.000 personas en la fase más avanzada y la ausencia de Instituciones apropiadas para acompañarles en la última etapa.

La “Fundación Ecuatoriana de Cuidados Paliativos - FECUPAL”, entidad sin ánimo de lucro y reconocida por Acuerdo Ministerial del Ministerio de Salud Pública No. 001058 del 16 de Octubre 1997, hoy en alianza con la Orden Religiosa Ministros de los Enfermos (Religiosos Camilos) y sostenida por la generosidad de gente buena está buscando de llevar a termino un “Hospice” extrahospitalario con una capacidad de 25 camas: 16 camas para enfermos oncológicos, 5 para enfermos de SIDA, 4 para Hospital del Día y terapia del Dolor y unos consultorios. Esta iniciativa se propone realizar una forma de asistencia en la fase terminal de la vida, de alto valor humano, espiritual y social.

La Fundación FECUPAL está acreditada en Ecuador por el suministro de una asistencia gratuita específica a pacientes terminales. Este reconocimiento se lo ganó sobre la marcha y es motivo de grande satisfacción, pero también de estímulo para nuevos retos que la dignidad de cada persona y la caridad cristiana nos urgen.

Desde el año 1998 hasta el día de hoy hemos realizado más de 6.000 visitas con tres grupos interdisciplinarios que se proponen voluntariamente el acompañamiento global a las necesidades de los enfermos y de sus familias durante la enfermedad, la preparación para la separación inminente y la intervención luego de ella.

El paciente terminal no es un paciente como los otros, emprendió un camino cuyo éxito ya es conocido y debe poder vivir el tiempo a disposición con serenidad, dignidad y sin sufrimientos físicos, emocionales y psicológicos. Es entonces necesario asegurar intervenciones paliativas adecuadas, brindadas por personal oportunamente formado, dejando al paciente la libertad de elegir como y donde vivir los últimos momentos de su propia vida.

El enfermo tiene derecho de vivir en su casa propia, pero cuando no es posible, debería poder contar con una estructura como el Hospice, donde disponer de todo confort. Si anualmente el 90% de nuestros enfermos en Ecuador termina sus días en casa por ausencia de un sistema de salud sobre el cual apoyarse, hoy se requiere una organización más intensa de apoyo domiciliario y una estructura de acogida que pueda alimentar la esperanza en los momentos delicados de la prueba.

Estamos llamados a ser más Sociedad, Iglesia samaritana, con las manos y los brazos abiertos, que sepa acoger y valorar cada uno de sus ciudadanos y miembros. Hoy ser cristiano implica humanizarse y anunciar a Jesucristo con creatividad y audacia en todos los ambientes donde el Evangelio no ha sido suficientemente anunciado o acogido, especialmente entre los enfermos.

La Iglesia Católica en América Latina siempre se caracterizó para brindar su servicio a los más pobres, en el intento de promover su dignidad humana y con el compromiso de promoción humana incursionando en economía solidaria, educación, cultura y asistencia. Hoy todos tenemos el compromiso solidario de dar testimonio del amor de Dios y al prójimo con obras concretas. Demos vida a una cultura de la vida.

Decía San Alberto Hurtado: “En nuestra obras, nuestro pueblo sabe que comprendemos su dolor”.

“Identificados con el Maestro, nuestra vida es movida por el impulso del amor y en servicio al prójimo… como discípulos de Cristo abramos caminos de vida y esperanza para nuestros pueblos que sufren… Con firmeza y decisión, continuaremos realizando nuestro compromiso profético discerniendo donde está el camino de la verdad y de la vida; levantando nuestra voz en los espacios sociales de nuestros pueblos y ciudades y, especialmente, a favor de los más pobres de la sociedad” (Benedicto XVI, Aparecida).

Cada persona lleva en sí una grandísima dignidad que no podemos olvidar y que debemos respetar y promover. La vida es regalo gratuito de Dios, don y compromiso que debemos sostener desde la concepción, en sus diversas etapas, hasta la muerte natural, sin relativismos.


Nuestra sensibilidad humana nos invita a ser constructores de espacios al servicio de una cultura de la vida, aún en condiciones desfavorables. La experiencia de acompañamiento a muchos enfermos terminales nos permite sentir que ellos mismos nos acompañan desde el cielo.

Ciertamente una obra como el HOSPICE SAN CAMILO de Quito llega para recrear un nuevo estilo de vida más humano en un momento complicado por la crisis financiera mundial. Pero, ¿cuándo se dieron las condiciones ideales para la caridad y el amor? El mismo Jesús nace en un espacio reducido, precario e improvisado. Un día San Agustín daba este testimonio: “Si Jesús hubiese exigido las condiciones ideales para nacer tal vez nunca lo hubiera realizado; si Jesús hubiese pretendido convertir a los fariseos, aún estaría esperando; si Jesús hubiese querido evitar la cruz, no habría muerto y nuca hubiera brindado la salvación. Jesús ha dado todo gratuitamente y nos invita a darnos totalmente y con corazón generoso”.

Querido amigo/a no tengas temor. Con tu ayuda podremos continuar a garantizar una asistencia integral a los enfermos y brindar cuidados competentes y apoyo amoroso a todas sus familias.


Hoy más que nunca tenemos necesidad de tu generosidad solidaria y apertura de corazón. Si cada palabra buena, agradecida, esperanzadora y augural que hemos recibido de tantos enfermos en sus últimos días o de sus familias asistidas en estos años se convirtieran en obras hoy ciertamente habría más Hospices en Ecuador y menos sufrimiento ahogado y silenciado.

Si estás sumergido en la oscuridad, vale más una vela encendida que mil flamantes protestas contra la oscuridad. El Proyecto hospice San Camilo cuenta actualmente con una cobertura del 60% del financiamiento total. Contamos con la Providencia que se manifiesta siempre con un rostro humano. Solamente brindando el propio corazón y abriendo las manos el Señor nos llena de bendiciones y nos transforma en constructores de la nueva “civilización del amor”. Su gesto solidario le permitirá vincularse más a nuestro sueño y entregar más empuje a la vida de su familia o empresa.

Vivir una atención solidaria es globalizar la caridad y darle un alma nueva a la humanidad que espera. El milagro de la vida es poder siempre volver a empezar. Por esto el reto que estamos construyendo es el más importante, es de todos y para todos. Es una vida y no un discurso sobre la vida. Una mirada nueva sobre la vida personal y social, creativa, cargada de pasión y generosidad, operosa y educativa.

Que esta empresa apasionante sea el signo de la esperanza que sostiene la vida, que reafirma su valor en cada momento y que permita el crecimiento de una fraternidad siempre más verdadera y humana.

Tu apoyo solidario permitirá acoger a unos 150 enfermos terminales cada año en el Hospice San Camilo y asistir a unos 200 más en sus domicilios. Gracias a tu generosidad podremos continuar a estar cerca de los enfermos terminales con más dificultades que necesitan intervenciones profesionales, brindadas con urgencia y humanidad.
¡FECUPAL necesita de tu ayuda!


Comunícate con nosotros y Entrega tu apoyo solidario a:
FUNDACIÓN ECUATORIANA DE CUIDADOS PALIATIVOS FECUPAL
Calle Jorge Icaza OE 2-34 y Manuel Matéu • Tel. 2403959 • Fax 2417885
E-mail: fecupal@fecupal.com / padrealberto@fecupal.com

¿QUE ES EL HOSPICE??

“Precioso aporte que con su servicio da lugar a aquella fantasía de la caridad que infunde esperanza también a la amarga experiencia del sufrimiento”

 (Juan Pablo II)?

“Ayudar al que lo necesita
no sólo es parte del deber,
sino de la felicidad”
(José Marti)
 
¡SOLIDARIDAD!

Mantener siempre atentos los oídos
al grito del dolor de los demás
y escuchar su llamada de socorro
es Solidaridad.

Sentir como algo propio el sufrimiento
del hermano de aquí y de allá,
hacer propia la angustia de los pobres
es Solidaridad.

Convertirse uno mismo en un mensajero
del abrazo sincero y fraternal
que unos pueblos envían a otros pueblos
es Solidaridad.

Dejarse transportar por un mensaje
cargado de esperanza, amor y paz,
hasta apretar la mano del hermano
es Solidaridad.

(Monseñor Leonidas Proaño)
Un enfermo en etapa Terminal necesita de cuidados, de asistencia y de consuelo humano. En una palabra, de amor. Para culminar la Obra “Hospice San Camilo” necesitamos de tu ayuda.

FECUPAL
Sede Administrativa: Calle Jorge Icaza OE 2-34 y Manuel Mathéu
Casilla Postal 17-17-1860
QUITO - ECUADOR
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CLINICA SAN CAMILO
Calle Jorge Icaza OE 2-34 y Manuel Matéu
QUITO-ECUADOR
Tel. (593 2) 2403959 /
Fax (593-2) 2417885

CENTRO DE CUIDADO DIARIO PARA NIÑOS CON PARALISIS CEREBRAL “CAMILUZ”
Calle Francisco Montalvo OE 8-35 (Cdla. Cochapamba)
QUITO - ECUADOR
Tels. (593-2) 3317130 / 3319199
Fax (593-2) 3316835

HOSPICE SAN CAMILO
Cuidados Paliativos para Niños, Jóvenes y Adultos con condiciones de vida limitadas
Calle Manuel Zambrano E1-218 (entre Av. 10 de Agosto y Av. 6 de Diciembre)
QUITO - ECUADOR
“Todos los seres humanos
nacen libres,
iguales en dignidad y derechos
y dotados como están en razón
y conciencia,
deben comportarse fraternalmente los unos
con los otros”
(Declaración Universal de los Derechos Humanos)

© FECUPAL, FUNDACION ECUATORIANA DE CUIDADOS PALIATIVOS , Hospice San Camilo,
para mayor información y donaciones, escríbanos a donacion@hospicesancamilo.com, padrealberto@fecupal.com

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